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El volcán Vesubio (1281 metros) es uno de los volcanes más famosos del mundo y a su vez uno de los más peligrosos. El mito de este volcán nació el 24 de agosto del año 79 después de Cristo cuando los restos de su violenta explosión sepultaron la ciudad romana de Pompeya cuyos restos fueron perfectamente conservados durante 1700 años.

Es un volcán de tipo vesubiano (valga la redundancia). Estos volcanes se caracterizan por alternar erupciones de piroclastos (piedras expulsadas del interior del volcán) con erupciones de coladas lávicas, dando lugar a una superposición en estratos que hace que este tipo de volcanes alcancen grandes dimensiones. Otros volcanes de tipo vesubiano son el Teide, el Popocatépetl y el Fujiyama.

Se sitúa a 9 kilómetros de la ciudad de Nápoles, una de las más importantes del territorio italiano ya que su área metropolitana cuenta con unos 4 millones de habitantes, habitantes que viven al pie de un volcán que puede repetir lo ocurrido hace casi 2000 años, con unas catastróficas consecuencias…

Era el mes de Agosto en la región de la Campania. Los temblores habían sido frecuentes desde principios de año y los romanos no se alarmaban debido a lo común de estas pequeñas sacudidas en esta zona. Estos pequeños terremotos comenzaron a tener lugar el 20 de agosto del 79 con mayor frecuencia, repitiéndose los cuatro días siguientes con mayor intensidad.


Estas advertencias no fueron escuchadas (hay que señalar que los romanos no conocían el concepto de volcán, sólo de una vaga idea sobre montañas similares como el monte Etna, hogar de Vulcano), y en la tarde del 24 de agosto, una catastrófica erupción del volcán empezó. La erupción devastó la región, sepultando Pompeya y otras poblaciones. Por casualidad, la fecha era la de la Vulcanalia, el festival del dios romano del fuego.

A la una de la tarde del día 24 de agosto se produjo una explosión  y la parte más alta del Vesubio voló por los aires, comenzando la emisión de gases, polvo y cenizas a la atmósfera. Se calcula que la nube alcanzó más de 30 km de altura.

Al cabo de un tiempo, una primera nube descendió por las faldas del Vesubio y cubrió todo a su alrededor, incluyendo el mar, haciendo desaparecer la ciudad de Herculano, a las faldas del volcán. La nube se conoce como flujo piroclástico: una nube de gas, ceniza y roca sobrecalentados que es expulsada por la erupción y que desciende en forma de ríos por las laderas del volcán. Se comporta como un fluido adquiriendo velocidades de unos 300 km/h, arrasando con su impacto y temperaturas superiores a 700ºC todo lo que encuentra y pudiendo recorrer muchos km sobre el agua. Con este primer flujo piroclástico los habitantes de Herculano se desintegraron debido al calor y no tuvieron tiempo de reacción alguno.

La Erupción del Vesubio.  Joseph Mallord William Turner (1820)

La erupción está perfectamente relatada por Plinio el Joven, sobrino del famoso naturalista Plinio el viejo. El relato consiste en una serie de cartas enviadas a su amigo Tácito, donde describe con detalle la erupción y la acción y la muerte de su tío. Uno de los fragmentos escritos por Plinio sería éste:


"...Entre tanto desde el monte Vesubio por muchos lugares resplandecían llamaradas anchísimas y elevadas deflagraciones, cuyo resplandor y luminosidad se acentuaba por las tinieblas de la noche. Mi tío, para remedio del miedo,  insistía en decir que debido a la agitación de los campesinos, se habían dejado los fuegos y las villas desiertas ardían sin vigilancia. Después se echó a reposar y reposó en verdad con un profundísimo sueño, pues su respiración, que era bastante pesada y ruidosa debido a su corpulencia, era oída por los que se encontraban ante su puerta. 

Pero el patio desde el que se accedía a  la estancia, colmado ya de una mezcla de ceniza y piedra pómez  se había elevado de tal modo que, si se permanecía más tiempo en la habitación, se impediría la salida...
Fragmento de la carta de Plinio el Joven a Tácito

Según Plinio hubo otras dos coladas piroclásticas, siendo la tercera la más potente y la que sepultó a Pompeya y a sus habitantes. Los pompeyos sufrieron una muerte más lenta que los herculanos. Muchos murieron por el derrumbe de los tejados que no podían soportar el peso de los materiales volcánicos. Otros murieron asfixiados al inhalar ceniza y calor de la nube de polvo, lo que derretiría sus pulmones y cuajaría una masa sólida… Las cenizas arrastradas por la nube se depositaron sobre los cuerpos y se endurecieron para inmortalizar aquel sufrimiento. 

El gran espesor de las cenizas sepultó la ciudad y sus restos dejándolos perfectamente conservados hasta su redescubrimiento en 1748. Es uno de los grandes tesoros de la arqueología.

A continuación podéis ver unas imágenes de los restos encontrados en Pompeya:

Panorámica de la antigua ciudad de Pompeya
Templo de Apolo

Moldes de cuerpos captando la agonía de los últimos momentos
Restos humanos bajo el molde de ceniza
Sin duda fue algo horroroso… pero se puede volver a repetir. En próximas entradas os daré más información sobre lo acontecido después de la erupción y la situación actual del volcán y de la región napolitana, dónde hay tantas vidas en juego.

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1 comentarios:

Anónimo dijo... 12 de marzo de 2013, 23:11

Que penita tanta gente muerta

 
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